Mientras
viaja en el colectivo leyendo un grueso libro, Juan pensaba en revisar
su buzón apenas llegase a su casa. "¿Nos vemos a la vuelta.", leyó, y la
falta del signo que cerrara la interrogación le pareció a Juan no un
descuido, sino una rendija en una puerta que no quería cerrarse.
Hubo
una vez una carta para un hombre llamado Juan, que soñaba con viajar
-la carta, por supuesto-. La caligrafía era cuidada, de letras pequeñas y
redondeadas, lo que daba a suponer que la autora de la carta infame era
una mujer. Entonces dejó caer el sobre en un rincón y enfrentó la
última puerta de aquel pasillo gris sin querer mirar
No
tuvo otra opción mas que tragar saliva y anudar su estómago lleno de
furia ya que a pesar de su diminuta estatura el enano era mucho mejor
peleador que él: con el enano Alejandro siempre habían sido como
hermanos, y fue por eso que le sorprendió encontrarlo con su novia en
pleno acto de traición.
Alejandro
sonrió, la levantó por los talones desnudos con sus gruesas y curtidas y
olorosas manos de leñador, como lo había hecho tantas veces en el
crepúsculo del día y en el de la noche, la hizo girar como una pelota
sobre la palma de su mano derecha con la gracia de un jugador de
baloncesto de los Harlem Globetrotters, mientras le daba impulso
suavemente con la izquierda, y ella giraba y giraba y hacía equilibrio
apoyando sólo un dedo gordo y estirando los brazos a los lados como Kate
Winslet en la proa del Titanic, y reía primero con los labios
apretados, después con risitas contagiosas, y al final soltaba unas
risotadas profundas que le helaron su propia sangre y le hicieron
pensar, justo antes de que Alejandro la arrojara bocarriba sobre la
cama, en los mismos silbos anaranjados y en los mismos globos invisibles
en los que pensó Amaranta Úrsula, en las páginas de Cien años de soledad,
antes de que le salieran los chillidos de gata que le estaban
desgarrando las entrañas. Entonces le dijo despacio al oído, con voz
pervertida: nos vemos en sueños.
Ducha
rápida, sin canto y sin shampoo... le quedó un poco de jabón en el pelo
que usó para peinarse. Miró al enano sentado en el sillón del cuarto de
huéspedes, ambos se despidieron con la mirada, ya no había nada más
para decirse luego de aquella noche apasionada. Apagó la luz, salieron, y
cerró la puerta con llave sabiendo que su hogar ya no estaría ahí nunca
más.
Camino
de la estación se preguntó, si era eso lo que realmente quería, poner
distancia entre su obsesión y él. No estaba seguro de si era una simple
huida, ante el compromiso que no deseaba atender, o simplemente la
búsqueda de la libertad en otra estación. Allí estaba ella, con aquel
vestido que se pegaba a su cuerpo como un tatuaje.
- Me quedan bien estas botas - dijo con voz de niña maldita, quizás preguntó. Sólo un comentario...
Le
dio asco notar que aquél era el cigarrillo más triste de su vida. Unos
minutos antes camino a la estación, tomó la decisión… la iba a dejar.
Odiaba ése lugar, las personas y todo lo que había sucedido allí. Hasta
ese punto sin retorno había llegado, sin saber cómo ni por qué. No se
podía creer que todo se volviera a repetir.
Se despidió de su amante con un beso apasionado. Y sin mirar para atrás, Juan se subió al tren.
Autores: Sara Lew, Anónimo, José A. García, Ana Arcia, Pola, Maco, La corbata del meñique, Juan Ojeda, Pedro Sánchez Negreira, Alfred, Alejandro, Electric Wizard, Leo, Carlos Alberto Arellano, No es lo que parece, Juanito, y Lucas Fulgi.
Este texto es producto -a priori- del siempre inspirador ingenio de Lucas Fulgi (Ocurrenciados), que propuso un cadáver exquisito al revés (haciendo Click Aquí pueden ver el proceso en gerundio); a eso se le sumaron otros autores y así arribamos al comienzo de un cuento surrealista y apasionado. Un collage por demás interesante.
Dado que su mentor le ha permitido publicarlo a los otros autores, en el reino nos valemos de esa posibilidad para compartir el resultado de una muy bella experiencia.
Esta entrada no tiene opción de comentar porque preferiría que utilicen ese tiempo -que en Blogger nos es tan tirano- para visitar a los autores (les aseguro que no se arrepentirán).