Estábase
Tuerto frente a una hoja en blanco/
CASI,
porque
a decir verdad en la parte superior de la hoja podía leerse "Estábase Tuerto
frente a..."/
En ese mismo instante -como en otros- se
levanta de su silla pensando que lo mejor hubiera sido escribir la historia de
una hoja en blanco, manchada por la sombra de un cíclope estrafalario que la
mira sobre el escritorio,
A LA HOJA,
un
cíclope en una habitación como la suya, porque no es ningún perro verde que los
tuertos sean los huespedes cerebrales de algún que otro cíclope, del mismo modo
que -sin saberlo, claro está- Patito Feo es el casero de Tchaikovski.
Ahora
Tuerto se recuesta en la mecedora y su cuerpo se mueve algunos segundos por la inercia;
CÍCLOPE
-ATRAPADO EN SU MENTE-
ignora el balanceo y busca el Olvido,,, Olvido, Intermuseo, repite agitado
mientras que en la puerta de la habitación Original -la cual humanamente
ubicaremos en La Realidad- una mano (amable) se hace puño para golpear tres veces
TOC,
TOC,
TOC.
No hay nadie, grita Tuerto; se acuerda del
pajarito que tocaba su ventana todos los días y dejó de hacerlo cuando publicó
el relato de su fijación, sonríe por todas las pupilas del mundo, puto mundo, sonríe con azúcar.
Es importante, repite el cartero desde el
pasillo. Tuerto mea La Gioconda de su propio Intermuseo y se levanta a atender el
llamado.
Son
dos cartas, dos cartas en una, dos cartas en alemán, Pero carajo que a Tuerto
todo se le tropieza, habrá lamentado el mensajero -para esas horas una pira
de humos multicolores, escabulléndose por los huecos de la casa-.
Abre
entonces la primera de las cartas, y al desprenderse la solapa del sobre un
delicado perfume de jazmín le hace temblar las aletas de la nariz (Única al
igual que su ojo),,, pero Cíclope dice no (nunca dice nada) y a través de
su puerta se arrastra un interminable tulipán que rompe en cientos de brotes
hasta que el pétalo-locomotora encuentra el ojo de la cerradura e ingresa
resumido en una enredadera de fragancias, a cubrir sus cuatro paredes (Mentales,
es de buena educación dejarlo en claro),
Tuerto recita en voz baja con el anteojo-vincha
delante de la pupila,,, Usted ha recibido
un premio de MariCari. Y ríe al ver ese corazón teutónico (¿Que
misteriosos lazos habrá entre Extremadura y Berlín?), ríe por todas las risas
que pasó en el Jardín... donde confirmó aquello que
Tuerto ya intuía por su accidentada desfachatez; que pocas cosas más bellas hay
que una solemnidad en ridiculo y nada interesan las formas para el
entendimiento de las almas (archívenlo por igual los arcángeles del
costumbrismo y de la vanguardia) y endemoniadamente tropezario Tuerto desea que sus visitantes se den una vuelta por Un Jardín para MariCari, que conozcan a Jess, a Borizky, a Mari (sin olvidar a Cari que
es la travesura personificada), ojala que lo
hagan piensa-siente-escribe.
Cuando
de cada flor emerge una luciérnaga, Cíclope sospecha que se abrió la segunda de
las cartas. Está en lo cierto, lo que seguro no imagina es que también viene de
España (a estas alturas creeríamos que la Merkel está metida en el asunto...
;-) ); el mismo pulso teutónico pero esta vez de Estrella,
Ahora las luciérnagas se han
agolpado todas en el techo, y Cíclope las observa entornando los párpados , Tuerto
recuerda el Blog de Estrella, siempre habitado por brisas suaves y genuinas,
donde la palabra no es cinzel y por natural emana del mismísimo sentimiento de la
dueña, mostrando verso por verso la delicada piel de su corazón.
Las personas imaginan lo que no
está, para seguir siendo personas y por ese capricho de los sinónimos que a
veces las deja tan solas a las personas, dice Cíclope que no es persona (siempre dice nada), es un sueño de
Tuerto que mira a las personas.
MIRA
en el techo, -en su madera oculta- otro
cielo estrellado sobre el hormiguero de tulipanes.
Cíclope, Cíclope, Cíclope, despertate, insiste Tuerto zamarreando sus
neuronas porque no todo es cosa de andar recibiendo sin dar nada a cambio, ya
se sabe nada es gratis, desde el mísmo día en que Eva probó la lengua bífida del Señor, nada es gratis; pues entonces el premio supone algunas obligaciones:
1)
Postear el recibimiento del premio nombrando al generos@ dador/a del mismo.
2) A
su vez otorgar misma distinción a otros 5 blogs (intentando que estos tengan
menos de 200 seguidores).
3)
Confiar en que los laureados hagan lo expuesto en sus respectivos espacios.
Cíclope
no responde; se quedó dormido de la piel hacia afuera, levitando entre
tulipanes y estrellas...
Siempre
que ocurre esto comienza la cuenta regresiva, a Tuerto le restan unos minutos
de conciencia y luego sus sentidos se iran disipando hasta la piedra, la piedra
que será Tuerto devenido en Pibe Hormigón,,,/
Busca
una lapicera, una birome, una pluma, un obelisco, un marcador, un beso, un
crayón... Lo único que encuentra es un Rouge gastado, no le sale hablar, entonces
garabatea en la pared junto a su cama:
Y cae
al suelo.
Y la
habitación queda en silencio.
Y yo no
debería apelar tanto a la i griega, suponiendo que un escritor debe estar
excento de la redundancia, o al menos el tiempo pudo haberle dado las armas
suficientes para disfrazarla.
Aprovecho
el tropiezo para presentarme,
SOY EL ESCRITOR,
Por lo
tanto tengo llave del lugar, quizás previendo la situación de que su morador
este K.O.
Si lo viera así como lo escribo yo ahora, dormido, sabiendo que en su cabeza
duerme un cíclope y en la cabeza del cíclope duermo yo,
tal vez imagine en el
silencio de sus sueños que es sólo una piedra, una de esas que tomó David, o
esas que chocó Adán cagándose del frío, o simplemente la que Gabriel le sopló
en sueños a María,,, maldita eternidad,
si nos viera como me veo sabrían que repetirse es la más cruel de las inocencias.
Le
saco el Rouge de la mano izquierda y me siento en la cama a observar la escena;
Podría
haber estado mejor, más que nunca lo sé y quisiera ser fumador para aprender a caminar sobre mis pensamientos.
Se supone que esto debía ser una entrada de
agradecimiento y entrega del premio a otros cinco blogs. Bueno, hay maneras y maneras...
///
No lo
puedo explicar ¿Saben? pero siempre que veo un Rouge me asalta una necesidad
impostergable de pintar lo que me rodea -por eso lo debo haber dispuesto
en esta escena-.
ME RÍO
cuando marco los bordes del cuerpo de Tuerto, así como los policías en la escena del
crimen, pero yo lo hago con Rouge. Cada vez que escribo me siento el recuerdo
de un criminal en-lo-que-he-sido;
sólo soy un organizador de escenas -valga
la melancolía- y luego me retiro a que vengan ellos (Juan, Ojeda, los que
puedan) a pilotear la cosa.
Esa
pared es un desastre; por lo visto y por lo
viendo aún tengo mis remordimientos estéticos, ya que no puedo irme de la habitación sin aclarar lo que dice la
pared.
Saco
un argentino bolígrafo de mi sobretodo púrpura,,, y como si no me importara
haber usado dos adjetivos en una misma oración escribo en mi libreta:
Arranco
la hoja de la libreta -me retiro- y la dejo sobre el cuerpo de Tuerto. Espero
que ellos sepan lo que hacer con todo esto... El Rouge me lo llevo.